domingo, 14 de septiembre de 2008

EZLN: 24 años después

La Jornada
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Jaime Martínez Veloz/ III
EZLN: 24 años después
Después de cinco años de trabajo, mediante un nuevo esquema de relación intercomunitaria, los zapatistas han consolidado un sistema organizacional que ha favorecido la estabilidad interna que, a su vez, ha posibilitado procesar sus diferencias y fijar los lugares de encuentro para el desarrollo de sus comunidades.
Se dice fácil, pero ello ha requerido poner en práctica las experiencias acumuladas durante años por las comunidades y pueblos zapatistas. Ha sido aleccionador ver cómo se pueden concebir nuevas formas de interrelación comunitaria y entender lo que significa tener una responsabilidad a partir del mandato popular.
Sin aspavientos y alejados de los enfadosos e insustanciales postulados teorizantes, manejados entre críticos e intelectuales que se precian de interpretar el indigenismo, muchos asimilados al Estado y con responsabilidades públicas, los zapatistas se han dedicado a fortalecer su estructura de trabajo, consolidar sus fuerzas y redefinir esquemas tácticos propios de toda organización política y social. En muchos lados del país se preguntan: ¿qué hacen ahora los zapatistas? ¿Ya desaparecieron? No, los zapatistas se preparan para el futuro. Sus demandas siguen vigentes y la realidad cada día les da más razones a su causa.
No deseo descalificar esfuerzos sinceros que se han producido en estos ámbitos, pero desgraciadamente las definiciones en esta materia son impuestas con criterios cortoplacistas, ajenos a la complejidad de los pueblos y comunidades indígenas de México. Asimismo, es paradójico que aquellos que acusaban a los zapatistas de querer balcanizar al país o de frenar al Estado mexicano para ejercer pleno dominio sobre el territorio, sean los mismos que permitieron o se confabularon para ceder espacios territoriales al crimen organizado, cuya fuerza y capacidad de penetración y complicidad con los aparatos públicos es un hecho.
Ningún orden de gobierno, corporación policiaca, fuerzas armadas o entidad política ha estado exenta de ser penetrada o cooptada por el crimen organizado en México. La excepción de este fenómeno de descomposición ha sido el territorio y las fuerzas zapatistas que, desde un principio y con firme convicción y determinación interna, rechazaron tajantemente cualquier relación directa o indirecta con este cáncer que lastima y lacera la seguridad nacional.
Quienes esgrimían escandalosos argumentos de la irrenunciable potestad del Estado mexicano sobre todas y cada una de las partes del territorio mexicano y se escandalizaban por la presencia de una fuerza armada zapatista en una región mexicana, son los mismos que permitieron y se confabularon para que el crimen organizado se apropiara de regiones, corporaciones y penetrara hasta la médula del Estado mismo. Sería conveniente que Ernesto Zedillo, así como la miope fauna que lo acompañó en esa aventura desquiciante, explicaran el porqué de su espanto ante las justas demandas zapatistas y su laxitud ante las condiciones que ya se venían haciendo presentes en una cada vez más abierta estrategia del apoderamiento de las riquezas naturales del país en una relacion de convivencia y complicidad con el crimen organizado, donde ninguna institución mexicana, política, empresarial, policiaca, era ajena a este fenómeno, incluyendo al Ejército Mexicano, que, sin menospreciar sus aportaciones en el combate al narcotráfico y a la población civil en los casos de desastres naturales, ha sufrido el desgajamiento de importantes sectores de esa institución que se han incorporado como sicarios en algunas de los cárteles criminales que azotan al país.
Las bandas criminales saben que el único lugar del territorio mexicano donde no pueden negociar o imponer condiciones es en las regiones zapatistas, y quienes lo han intentado han tenido que sufrir las consecuencias de una acción de esta naturaleza.
La mínima acción que esté vinculada con algún hecho de esta naturaleza ha sido rechazada y castigada con todo el rigor. El EZLN ha demostrado desde su nacimiento una actitud firme y decidida en contra de cualquier hecho que lo vincule con hechos de terrorismo, de narcotráfico, secuestro o cualquier acción de carácter delictivo. Eso explica el apoyo nacional e internacional que ha obtenido la causa zapatista.
Más bien creo que en los postulados zapatistas están las coordenadas para confrontar con mayor eficacia al crimen organizado, que tiene sus principales soportes en la impunidad, ilegalidad y confabulación de intereses.
Reconocer a las comunidades indígenas como entidades de derecho público, implicaría que las comunidades urbanas y rurales tendrían las mismas condiciones y esto permitiría que cada comunidad tuviera conocimiento y dominio de lo que pasa en su territorio, así como de las actividades a las que se dedica cada uno de sus habitantes. Éstos, a su vez, tendrían mayor control sobre lo que acontece en sus comunidades y de esta manera se impondrían los correctivos necesarios ante cualquier hecho de carácter delictivo o de cualquier otro tipo.
Pretender combatir al crimen organizado con las mismas medidas de siempre es una estrategia destinada a un nuevo fracaso. La correlación de fuerzas le es desfavorable al gobierno. La única forma de combate exitoso es con un Estado organizado, respaldado por un pueblo organizado. Ésta es una aportación zapatista que subyace en las formulaciones del EZLN y que ha sido despreciada por los grupos que dominan a un Estado que fue complaciente o cómplice en la creación de una estructura política, social, económica y financiera, que permitió la creación del fenómeno de descomposición criminal que sufre el pueblo mexicano.
La única posibilidad de combatir con éxito la criminalidad que azota al país tiene que pasar por la construcción de un nuevo pacto social y un nuevo modelo de nación, donde deberán estar presentes los postulados zapatistas. Lo demás es y será bisutería.

domingo, 27 de julio de 2008

Bases del EZLN en Huitepec, listas para resistir desalojo.

Bases del EZLN en Huitepec, listas para resistir desalojo
Hermann Bellinghausen (Enviado) La Jornada

Zapatistas montaron guardias en la reserva ecológica

Huitepec, Chis. 12 de julio. “Vamos a resistir cualquier intento de desalojo. Estamos dispuestos a defendernos, porque es tierra de nuestros pueblos”, declara el campesino, quien habla rodeado por unos 25 indígenas con pasamontañas que asienten.
En cualquier momento, advierte, “la guardia se puede aumentar a 100 o las personas que hagan falta”. Lo ha hecho ante hostigamientos graves, como los sufridos en semanas recientes por órdenes del presidente municipal de San Cristóbal de las Casas, Mariano Díaz Ochoa.
A un año y cuatro meses de establecida la reserva ecológica zapatista en la parte alta del cerro Huitepec, ¿cuáles han sido los resultados? ¿Los hay? El representante de las bases de apoyo del EZLN en la comunidad Huitepec Ocotal Segunda Sección ilumina sus ojos (es de suponer que todo el rostro debajo del pasamontañas) y señalando a los árboles de arriba responde:
–Claro. Los animalitos ya no se espantan. Se asoman las ardillas, los armadillos. Están regresando porque nadie los molesta. Hasta un tigrillo volvimos a ver hace poco. Y los árboles se tupieron. Antes, del robledal la gente sacaba leña, pero ya no. Hemos quitado los basureros que dejaban los vecinos de las residencias privadas.
La guardia zapatista “diario camina” alrededor de la reserva de 102 hectáreas, y ha logrado impedir el saqueo de madera y agua, así como cualquier clase de cultivo. Eso sí, a mediados de junio los zapatistas plantaron unos 2 mil pinoabetos y cipreses en espacios que habían sido talados antes de que, en marzo de 2007, la junta de buen gobierno (JBG) de Oventic estableciera aquí la Reserva Ecológica Comunitaria Zapatista.
Díaz Ochoa acudió la última semana de junio a Huitepec Ocotal Segunda Sección. Se reunió con los priístas en la escuela, y les ofreció pavimentar el camino “a cambio de que firmaran el acta del desalojo, y si no lo hacían no les daba la obra”, dice el zapatista en uso de la palabra.
–Aceptaron. Ellos mismos, hace cuatro o cinco años, le ‘regalaron’ las tierras al gobierno del (entonces) presidente municipal Enoc Hernández. Firmaron un acta. Ahora que los provoca el gobierno, dicen que les interesan estas tierras. No es verdad. Es por buscar conveniencia.
De las comunidades sancristobalenses que habitan el peculiar sistema orográfico del Huitepec, sobre todo tres confrontan a los zapatistas: la parte priísta de Huitepec Ocotal Segunda Sección, la Primera Sección y Los Alcanfores, donde algunas personas “compran barato a los campesinos y luego venden en lotes con suministro de agua”.
Sólo que el agua ofertada a los compradores (de la ciudad o extranjeros) por el fraccionador Alejandro Cabrera proviene del manantial de la reserva zapatista, y al estar protegido ha dejado de ser accesible para sus negocios.
Las otras comunidades sancristobalenses del Huitepec son San Felipe Ecatepec, Las Palmas y su Tercera Sección, Vistahermosa Huitepec y Huitepec Santa Anita. Sólo la primera es ejido; en las demás la propiedad es comunal. Sobre todas ejerce presión el gobierno municipal.
–Estas tierras no son de nadie. Por eso les pertenecen a todos y tenemos que protegerlas y defenderlas, para que no las acaben.
El vocero de los rebeldes fundamenta la existencia de la reserva: “La JBG de los Altos estuvo de acuerdo que entre todos íbamos a proteger este bosque”. Apunta que con las comunidades de Zinacantán que también viven en el Huitepec (el cerro alcanza tres municipios) la relación es cordial.
Si bien la semana que concluye la situación “por tierra” fue un poco más tranquila, “por aire” estuvo tupida: sobrevuelos diarios de avionetas, rasantes si el clima lo permitía, sobre la reserva zapatista. Y helicópteros en los alrededores, sin pasar encima.